Tantas Cosas
domingo, 5 de agosto de 2012
Desde el lugar en que estás
martes, 29 de mayo de 2012
viernes, 6 de agosto de 2010
jueves, 25 de marzo de 2010
Allá lejos y de noche
Entonces, aquí estoy, escribiendo sobre olvidos, y vago es el deseo pues aun no tengo certeza de cuál es el motivo que nos convoca a los dos: al yo que estaba aquí antes de llegar, ese que pensaba qué escribir y, por otro lado, al yo que aquí permanece, cual centinela frente a las teclas, y brama de rabia por el abandono del anterior.
No sé, mira, yo no entiendo por qué este afán de escribir de todas formas, tal vez no tenga nada que escribir y sea ese el deseo de hacerlo, no creo estar seguro, lo único que puedo certificar, es que este yo que termina estas líneas, no es el mismo que comenzó a escribirlas.
miércoles, 24 de febrero de 2010
20 Dedos, cuatro manos, mil historias
A Natalia
Me has dicho que tus dedos están hechos de historias;
Que en ellos cargas decenas de deseos y recuerdos…
Allí –me decías señalando con la mano izquierda el anular de la mano sobrante-,
Allí están mis deseos de ser hija, ¿sabes?
Fíjate, nota de que modo en el índice se ven esas piedrecillas verdes:
En ellas he dejado los deseos de niña que me abrazan por la espalda de vez en cuando.
Entonces es como si un frío se posara de mis hombros hasta caer por cada vértebra,
Es por eso que opte por el índice: por su exacta posición en mi geografía.
¿Vez aquel recuerdo azul y ancho en mi mano izquierda?
Ahí están los sueños no cumplidos, las palabras no dichas,
Las caricias y besos no dados.
Pobres los que acopian recuerdos en las castas bocas; en los tristes ojos,
No puedo comprender la existencia de recuerdos descartables,
Yo, en cambio, nos solo los retengo, si no que siempre están aquí, cerca mio.
Nota como puedo acercarlos a tu pecho hasta lograr que transmigren,
Cual pequeñas orugas,
Enrollándose en tu vientre.
Sin embargo unas marcas se posan en mis labios cuando te nombro
Es como si no te animaras a convivir con mis manos,
Es una lastima, empezaba a sentirte amigo de las pequeñas orugas que te enrollan.
Damian Payo
domingo, 21 de febrero de 2010
Invitacion al Suicidio
No se, fíjate, este viento es increíble, ha de ser el mas fuerte en muchísimo tiempo. Son soplidos largos y fuertes, incesantes, no se detienen por nada. Yo me aferro con las manos, hasta las uñas para no caerme de esta altura, de esta cornisa vertiginosa en que detuve mi camino. A menudo un miedo terrible me invade, estos tres o cuatro metros que me separan del suelo son tan solo un último suspiro antes de que la infalible gravedad, me invite al suicidio.
Este lugar es hermoso, puedo ver desde aquí las demás ramas sacudirse una al lado de la otra, frotándose como si tuviesen frío ellas también. Es tan triste ver morir a mis compañeras, oír esos alaridos agudos y penetrantes que se apagan de golpe sin que nadie lo note… Ya llegara mi momento también, y no me quedaran fuerzas para aferrarme con mis flojas patitas a esta rama y ¡Plaf! se van a perder mis palabras en un grito ahogado, y será mi único luto un agónico olorcito a tierra mojada.
Damian Payo
Fe de Erratas
Aquí es que me encuentro cerca de tus cartas y palabreríos, bella Lucila, retomo los escritos y me presto a darle tregua a mis conflictos, estampillándoles una respuesta –una corrección en este caso- que calme las aguas de los manantiales de llanto agónico en que me he sumergido.
Cito del texto: “…Solíamos estar trepidando de amor y ensueños sulfurosos…” y corrijo: “Yo trepidaba, él vacilaba entre el ensueño y el a-mor”.
Donde la segunda carta, dice: “…Con qué timidez me besaste aquella tarde frente a los cartoneros en ciudad capital. Qué bello fue entonces, saber que temías que no aceptara tus brazos, y sin embargo jugaste con ello y me abrazaste tan fuerte para que no pudiese desprenderme… con qué cariño te pedía que no me soltaras.” Debería decir: “…Con qué temor me besaste aquella tarde frente al alucinante obelisco. Que triste fue entonces, saber que no querías que te quisiera… y sin embargo, te pedí que no me soltaras, pues sabia que tarde o temprano dejarías los matices descubiertos de putrefactas imágenes y mi casto cuerpo exigiendo tus ya ausentes brazos.”
En una libreta de tapa amarilla -algo borrado esta el titulo y tan solo tú letra se divisa hinchada por el tiempo-. De él subrayaste un párrafo: “Fue hermoso hacer el amor y sentir que su cuerpo tembloroso se agolpaba al mío y gozábamos de sentirnos uno solo entre esas sabanas que nos anidaban sudorosos”… no emito correcciones, simplemente doblo el subrayado.
Saco de la cajita todos los sobres y tan solo dejo dos, en el primero –que es el penúltimo- repaso: “Te agradezco mil veces, haberme comprendido en ese llanto, mas aún, que hayas callado y sepas tanto de mi que me hables cuando no quiero callar y me silencies cuando no debo seguir maullando dolores” Debería decir: “No me comprendes, solo actúas presurosa y vilmente, por ello es que te agradezco”
Mi pecho se expande y respiro aliviado. En la ultima carta –No merece ser la segunda-, esta escrito: “Me alejas de ti, y solo acepto tu realidad sabiendo que en ella encuentras la felicidad que buscas… me alejo, pero te quiero, y aun te quiero, cuánto te quiero.” Debería decir: “Aun te equivocas, y sin embargo aquí estoy y prevalezco… Aun te quiero. Lucila”.
Damian Payo
